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Qué conviene estudiar en 2026: ¿una carrera o un curso?

Escrita por Brian Moschen, decano de la Facultad Regional Reconquista de la UTN.
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En un contexto donde la capacitación se volvió más accesible y diversa que nunca, miles de personas eligen aprender a través de cursos cortos, talleres y certificaciones. Esa tendencia es positiva: amplía oportunidades, permite actualizarse con rapidez y ayuda a incorporar herramientas concretas para el trabajo. Sin embargo, cuando el objetivo es construir un proyecto profesional sostenible, con bases sólidas y proyección a largo plazo, la elección de una carrera universitaria marca una diferencia sustancial.

Estudiar una carrera no es solo “sumar conocimientos”. Es ingresar a un proceso formativo integral que combina teoría, práctica, pensamiento crítico y método. En una universidad, el aprendizaje no se limita a dominar una herramienta puntual: se trabaja sobre la comprensión profunda de los problemas, el análisis de escenarios, la toma de decisiones con fundamento y el desarrollo de habilidades que acompañan toda la vida profesional.

Una carrera universitaria ofrece, además, un marco que ordena y potencia el crecimiento: planes de estudio diseñados con coherencia, evaluación sistemática, equipos docentes especializados, acceso a laboratorios, bibliotecas, proyectos, prácticas, redes institucionales y la posibilidad de formar parte de una comunidad académica. Ese ecosistema transforma la experiencia de estudiar en algo más amplio que la adquisición de contenidos: es una construcción de identidad profesional.

Esa dimensión comunitaria también es formativa: en la vida universitaria se aprende a trabajar en equipo, a comunicar ideas, a organizarse con otras personas y a construir soluciones colectivas, habilidades clave para cualquier ámbito profesional.

En cambio, los cursos cumplen una función distinta —y valiosa— dentro de los trayectos de formación. Un curso suele ser más breve, específico y orientado a una habilidad o herramienta concreta. Es una excelente opción para iniciarse, actualizarse, reconvertirse o complementar conocimientos. En muchos casos, un curso puede ser el primer paso que impulsa a una persona a descubrir su vocación y luego avanzar hacia una carrera.

La diferencia central no está en “qué es mejor”, sino en para qué sirve cada formato. Los cursos suelen responder a una necesidad inmediata: aprender a usar un software, adquirir una técnica, obtener una certificación puntual. La carrera, en cambio, apunta a un horizonte más amplio: formar profesionales capaces de adaptarse, liderar, investigar, innovar y comprender el porqué de lo que hacen, incluso cuando cambian las herramientas, los procesos o el contexto laboral.

En ese sentido, la universidad no compite con los cursos: los integra. Hoy, el recorrido formativo más inteligente muchas veces combina ambos caminos. Una carrera puede ser la columna vertebral de la formación, y los cursos pueden funcionar como módulos de actualización permanente, especialización o fortalecimiento de competencias. La clave es construir un trayecto que no solo responda a lo urgente, sino que también prepare para lo importante: el futuro.

Elegir estudiar una carrera universitaria es apostar por una formación con profundidad, visión y respaldo institucional. Es invertir tiempo y esfuerzo en una base que habilita mejores oportunidades, mayor movilidad profesional y una capacidad real de sostener el crecimiento a lo largo de los años. Y al mismo tiempo, reconocer el valor de los cursos como herramientas ágiles que complementan y potencian ese camino.

Porque en un mundo que cambia rápido, no alcanza con aprender una sola herramienta: hace falta aprender a aprender, a pensar, a resolver y a crear. Y esa es una de las principales fortalezas de la formación universitaria.


UTN – Facultad Regional Reconquista
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