En las últimas horas se cumplieron 25 años del triple crimen que marcó para siempre a una familia y a toda una comunidad. En diálogo con Vía Libre, Estela Mesa, hija de Francisco Mesa y hermana de Rafael, volvió a poner en palabras el dolor, la impotencia y el reclamo que atraviesan cada aniversario: la causa nunca fue esclarecida y permanece impune.
“Cada 2 y 3 de enero se vuelve a revolver todo. Es inevitable recordar cómo era mi papá, mi hermano, cómo era Matías. Pasaron 25 años, pero el sentimiento sigue estando”, expresó Estela, visiblemente conmovida.
“El caso quedó impune por impericia y corrupción”
Con el paso del tiempo, el dolor se transformó también en una denuncia firme contra el accionar judicial. “Mi caso quedó impune por la corrupción que hubo en ese momento. Hubo impericia, falta de conocimiento y pruebas que nunca llegaron a destino. Para mí fue un combo: impericia más corrupción”, sostuvo.
Estela remarcó que ni siquiera se logró establecer el móvil del crimen, algo que considera clave: “Nunca se pudo saber por qué los mataron. Eso es lo que más rabia da. No saber el porqué”.
Una causa que “se durmió” durante años
La hija de Francisco Mesa recordó que en 2014 la causa volvió a abrirse, pero quedó paralizada durante años. “La hicieron dormir hasta el año pasado. Y cuando volvimos a tener reuniones con fiscales, otra vez se nos planteó reabrir todo, volver a declarar, volver a recordar. ¿Qué se puede recordar después de 25 años?”, se preguntó.
En encuentros mantenidos con fiscales del Ministerio Público de la Acusación, Estela y su familia manifestaron su posición: cerrar la causa ante la falta de pruebas. “No queremos volver a revolver todo. No queremos ir otra vez a Santa Fe, a Buenos Aires, a rogar justicia como lo hicimos durante años”, explicó.
El costo emocional y familiar de la impunidad
El impacto del crimen fue devastador para toda la familia. “Nos destruyó la vida. Se rompieron matrimonios, se gastó dinero que no teníamos, viajamos de un lado a otro buscando respuestas. Gracias a la gente que nos ayudó, que nos llevó, que nos apoyó. Pero la justicia nunca nos resguardó”, afirmó.
Estela recordó escenas que aún hoy le generan impotencia, como los juicios en los que se exhibían pruebas sin sentido o situaciones que profundizaban el dolor de los familiares. “Mi cuñada reconocía relojes y decía ‘ese no es’. Era una impotencia terrible”.
Miedo y advertencias: “Queremos caminar en paz”
Uno de los pasajes más duros del testimonio fue el reconocimiento del miedo que hoy siente la familia. Estela relató que un hombre se presentó en su casa, diciendo ser testigo y estar amenazado de muerte. “Me dio miedo. Fui directo a hablar con la doctora Cisera y a la policía. No sabemos con qué intención vino”, señaló.
Por ese motivo, fue contundente: “Queremos dejar claro que nosotros no estamos moviendo el caso. No queremos que se mueva ni un papel. Si se descubre algo, será porque la mano de Dios está con nosotros”.
“Si matan a personas con poder, ¿qué queda para nosotros?”, reflexionó, al tiempo que insistió en que su único deseo es “caminar en paz”.




