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MALVINAS: GLORIA Y HONOR A NUESTROS HÉROES

2 de Abril de 1.982. Presuponíamos que sería un día más. Nada aventuraba que iba a ser una jornada que nos marcaria verdaderamente a fuego. Sí, digo bien, fue una aventura y como sucede casi siempre terminó muy mal.

Es importante que no caigamos en el olvido, algo muy recurrente en nosotros, los argentinos. Malvinas debe ser un sentimiento permanente. No permitamos que triunfe el sentido desmalvinizante, porque ese sí, es nuestro enemigo más implacable.

Escribo esta columna para compartir con ustedes una serie de lecciones que nos dejó la guerra de Malvinas.

Fue una decisión política desesperada. Días antes al 2 de abril, el gobierno militar sufrió la primera movilización en su contra. Fue la muestra concreta del malestar ciudadano a la junta de entonces. Eran conscientes de ello, y por eso en cuestión de pocos meses se determinó que la recuperación de aquellos territorios irredentos le daría el oxígeno político que se reducía dramáticamente.

El valor de la democracia. Es bueno subrayar este punto. La decisión de embarcarnos en una guerra fue determinada por tres trasnochados, uno de ellos -Galtieri- adicto al wiski hasta la desmesura. En un sistema constitucional, la declaración de guerra no se limita a un presidente, debe contar con la aprobación del Congreso. O sea, en democracia, un mesiánico está impedido de adoptar una medida de tanta magnitud.

El valor de la solidaridad. A poco de iniciada la guerra, afloró el sentimiento argentino que nos caracteriza. Claro, confundimos, no era un mundial, que también se desarrolló por entonces, era un conflicto bélico, y allí no son goles, son vidas humanas. Lo cierto es que, ante la convocatoria, donamos todo lo que teníamos a nuestro alcance. La solidaridad de nuestro pueblo fue emocionante. Queda siempre abierto un interrogante, cuánto de lo donado efectivamente llegó a sus verdaderos destinatarios.

La falta de organización y previsibilidad. Como también somos muy recurrentes los argentinos, el desarrollo de las acciones bélicas mostró la improvisación de los mandos militares para afrontar una guerra de esta magnitud, ante una potencia mundial, que contaba al mismo tiempo, con el apoyo irrestricto de otras potencias. Acaso, nuestros gobernantes ignoraban que ello iba a suceder. En todo caso, eso fue ignorancia.

El valor de la preparación y profesionalidad. En contraposición al punto anterior, esta gesta mostró el valor de nuestros pilotos, que al comando de los legendarios Pucará surcaron el cielo austral y merecieron el reconocimiento del mundo entero, incluido los propios enemigos.

Hoy, lo pude apreciar, los ingleses vienen a capacitarse con los pilotos argentinos.

El valor de defender la patria, aunque sea a costa de ofrendar mi vida. Ellos son nuestros soldados. Los testimonios de coraje son numerosos. Sabían que luchaban en condiciones infinitamente inferiores, pero no les importó, siguieron en combate.

Recuerdo el testimonio de un ex combatiente, que vió morir a muchos compañeros, cuyos cuerpos ahora identificados, descansan en Malvinas. El sufrió también las secuelas de la guerra. Cuando le pregunté, cuál es su sueño mayor, me dijo contundente: “volver a Malvinas y recuperarlas, porque nos pertenecen”. Admirable, realmente.

El valor del reconocimiento. Los ex soldados son verdaderos héroes. Los argentinos debemos brindarle el reconocimiento que se merecen quienes con 18 años fueron convocados un día a ir, sin saber dónde. Y lo dejaron todo, lo hicieron por su patria a la que demostraron amar y defender hasta la muerte.

Reflexión final. La democracia tiene una gran deuda con los argentinos. En realidad, son muchas más las deudas que los créditos, pero lo que debemos coincidir es que la solución no es la vuelta a los militares. La obligación de nuestros gobernantes y de nosotros mismos es encontrar los denominadores comunes que nos lleven a decir AL GRAN PUEBLO ARGENTINO, SALUD. Será el mejor homenaje a quienes se quedaron en Malvinas para siempre, a los héroes que comparten los mismos problemas que la gran mayoría de nosotros. A todos ellos, TODO EL HONOR Y LA FLORIA. Nuestro reconocimiento eterno.

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