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LEYENDAS DE MI TIERRA: «EL ÁRBOL DE NAVIDAD»

En una noche de invierno, vísperas de la Navidad (en el hemisferio norte), un hermoso niño recorría con mucha dificultad el bosque cubierto por la nieve. A los lejos divisó una luz que parpadeaba. Llegó hasta allí y se encontró con una casita de madera, muy pobre, enclavada en el verde corazón del bosque.

Allí vivía un viejo leñador con su esposa quienes recibieron al niño con mucha alegría y lo ubicaron junto al fogón para que se le pasara el frío.

Al rato, los ancianos le sirvieron una porción grande de comida caliente y una gruesa rebanada de pan. El chico vio que, mientras a él le servían mucha comida, los viejitos apenas tenían un pedacito para comer. Comprendió que esa gente era pobre en cosas materiales, pero inmensamente rica en sentimientos humanitarios porque no daban lo que les sobraba, sino que se privaban ellos para brindárselo a los demás.

Durante la noche, ante el asombro y el susto de los dos viejitos, el niño se convirtió en un ángel vestido de oro, porque no era otro que el Niño Jesús, quien no quiso retirarse de ese lugar sin compensarlos por su bondad. Entonces tomó una rama de pino y les dijo que la plantaran, prometiéndoles que cada año, en esta fecha, se llenaría de frutos.

Los ancianos plantaron la rama que poco después se convirtió en un hermoso pino que, en Navidad, se cubrió con manzanas de oro y nueces de plata que brillaban intensamente con los rayos del sol. El anciano y su esposa se arrodillaron ante él y rezaron agradeciendo el milagro al Niño Jesús.

Todos los años, estos frutos fabulosos adornaron el pino bendecido por el Niño Jesús y los ancianos no volvieron a pasar miserias el resto de sus vidas.

Cuando los viejitos murieron, el pino dejó de cargar esos frutos, pero la gente que lo había visto antes, recordándolo, comenzaron a adornar, en la época de Navidad, pinos y abetos primero con manzanas y después con otros adornos en recuerdo del milagro.

Por el prof. Victor Braidot. Extracto del libro “Leyendas de mi Tierra».

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