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CARTA ABIERTA DE JOSÉ ODASSO, LUEGO DEL INTENTO DE ATENTADO CONTRA LA VICEPRESIDENTE CRISTINA KIRCHNER

El impensado episodio del jueves por la noche, cambió muchas cosas, incluso los temas previstos para esta columna de opinión. El intento de magnicidio en perjuicio de la vicepresidente de la Nación pasó a ser un tema casi excluyente y es natural que adquiera la relevancia que inexorablemente posee.

El magnicidio es el asesinato de una persona con un cargo importante, frecuentemente una figura del ámbito político o religioso. El actor suele tener una motivación ideológica o política, y la intención es provocar una crisis. En realidad, es muy prematuro establecer si Fernando Sabag Montiel -el atacante- tenía o tiene una motivación política con el hecho del cual fue actor. Por ello, es más aconsejable remitirnos a la caratula de la causa judicial en curso: Intento de Homicidio calificado por el uso de arma de fuego.

Más allá de la calificación definitiva, cuando la información resulta todavía incompleta, lo real es que se trata de un intento criminal, y como tal, debe ser repudiado. La certeza es que el hecho sucedió, después sobran los interrogantes y especulaciones, según del lado de la maldita grieta que cada ciudadano se posicione.

Más allá de la óptica política de cada uno, lo que corresponde es condenar enfáticamente lo sucedido en las afueras del departamento que Cristina habita en Juncal y Uruguay.

Las agresiones se saben cuándo empiezan, pero no cuándo terminan.  La grieta en la Argentina viene de varios años y hay muchos políticos -incluida Cristina y también Macri- que no les interesa acabar con ella, porque le es funcional a sus intereses personales y políticos. Sin embargo, a este clima de crispación permanente, se le sumó el alegato del Fiscal Luciani y allí la situación se volvió verdaderamente tensa y muy peligrosa. Sin dudas, el frente gobernante estaba partido en varios pedazos y Luciani los unió bajo la figura indiscutible de la actual vicepresidente, presidente de facto en la realidad.

El mismo jueves del atentado, los senadores protagonizaron una sesión bochornosa, vergonzante, pensar que cuando uno ingresa a esa ala del edificio del congreso dice: Honorable Senado de la Nación. Bueno, la inmensa mayoría de ellos, no todo es cierto, son protagonistas de acciones y expresiones muy poco “honorables”. Parece ser que todo suma a este clima de turbulencia y agresión y surge naturalmente una pregunta: cuánto les interesa realmente a ellos los problemas cada vez más acuciantes del hombre de a pie, como el hecho de no llegar a fin de mes, y parece ser que, la cuesta será cada vez más dura y empinada todavía.

Ese mismo jueves, apenas sucedido el intento, se supo que el Presidente hablaría por cadena nacional, pero obviamente, primero hablaría con Cristina. Se debatía si se debía grabar para evitar alguna definición de la cual debiera lamentarse luego, como sucedió días atrás en un programa de televisión. Finalmente, leyó primero y luego grabó el mensaje. Allí anunció que decretaba feriado nacional para este viernes 2 y su tono más que conciliador, terminó siendo acusador.

Un feriado que no suma, solo divide más. El apoyo a Cristina y el repudio al atentado se puede manifestar de mil maneras, sin tener que apelar a un recurso extremo, que en realidad atrasa y profundiza las divisiones. Pensar en los padres de los alumnos que no tuvieron clases en la provincia por los paros docentes. Eran 72 hs. y fueron 96, 4 de 5 días sin clases. Cómo explicarle a una persona enferma que esperaba ser atendida en el hospital luego de las medidas de los profesionales de la salud, fue y se encontró que debe seguir esperando, cuando hay enfermedades que no admiten esperas y así se suceden los ejemplos disparados por una medida inconducente y extremista.

Falta a la verdad Alberto -cuando no, su palabra está tan devaluada como el peso argentino- cuando dice que es el acto más grave desde la vuelta de la democracia. Debemos condenar enfáticamente lo sucedido, sin apelar a sobreactuaciones que profundizan el odio y el rencor. Alfonsín fue objeto también de un intento por acabar con su vida, cuando el 23 de febrero de 1991 un ex gendarme procuró asesinarlo. ¿Qué sucedió? Fue en San Nicolas, era en la previa de un acto y Alfonsín subió igualmente al palco y brindó su mensaje, sin papeles, sin grabar, haciendo uso de una oratoria admirable, sin cargar contra nadie. Allí concluyó todo.

Es un momento de reflexión, para reconducir el rumbo, apelar al dialogo y comprometernos en la necesaria pacificación. Nada de ello lamentablemente sucedió el día después. Son horas para la grandeza. Argentina sufrió en el siglo pasado enormes dificultades a raíz del divisionismo estéril. La realidad muestra que se aprendió muy poco de la historia. Hoy mas que nunca, la realidad exige templanza, prudencia y grandeza, valores que parecen no sobrar en muchos políticos. Este hecho repudiable por el lugar que se lo mire, debe servir para ello, parece ser que solo se trata de una simple expresión de deseo. Pretender responsabilizar a la oposición, a la justicia y a los medios de lo sucedido, es otra mirada sesgada de lo que sucede. Sin ser extremista, algunos sostienen menos mal que no asesinaron a Cristina, si no se desataba una guerra civil, estamos transitando un camino de cornisas. Si no reconducimos la marcha, nada bueno se puede esperar hacia el futuro. Y después, será tarde para lamentarnos.

Les deseo una muy buena semana.

Lic. José Carlos Odasso

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