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Navidad, consumismo y el “síndrome del niño hiperregalado”: cuando tenerlo todo apaga la magia

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Diciembre llega con luces, canciones, mesas compartidas… y una avalancha de mensajes que empujan a comprar más, regalar más y llenar el árbol hasta que no quede espacio debajo; acumulando deudas que, en ocasiones, ponen en riesgo las finanzas del hogar. En medio de esa vorágine, muchas familias se preguntan, a veces en voz baja,  si tanto regalo realmente hace más felices a los chicos.

La ciencia lleva tiempo observando un fenómeno cada vez más frecuente, especialmente en sociedades de alto consumo: lo que algunos especialistas llaman “síndrome del niño hiperregalado”. No es un diagnóstico clínico formal, pero sí un concepto ampliamente estudiado en psicología del desarrollo y educación infantil.

¿Qué es el síndrome del niño hiperregalado?

Se refiere a niños que reciben una cantidad excesiva de juguetes y estímulos materiales, muchas veces concentrados en fechas como Navidad o cumpleaños, sin tiempo real para desear, esperar o elaborar lo recibido.

Diversos estudios en psicología infantil muestran que el exceso de regalos puede asociarse con:

  • Menor capacidad de concentración y juego profundo

  • Menor tolerancia a la frustración

  • Mayor aburrimiento y desinterés rápido

  • Dificultades para valorar lo que se tiene

Investigaciones publicadas en Infant Behavior and Development y Journal of Child and Family Studies señalan que menos juguetes favorecen juegos más creativos, mayor autorregulación y mayor compromiso emocional. Un estudio clásico de la Universidad de Toledo (2017) observó que niños con menos juguetes jugaban durante más tiempo, con mayor imaginación y profundidad.

Paradójicamente, tenerlo todo puede apagar el deseo. Y sin deseo, la experiencia pierde magia.

La Navidad no nació como una fiesta de acumulación, sino como un tiempo simbólico de encuentro, pausa, gratitud y vínculo. Sin embargo, el marketing moderno ha desplazado el foco: del “estar juntos” al “tener más”.

Para los niños, los recuerdos más significativos no suelen ser el juguete más caro, sino:

  • La presencia real de los adultos

  • El tiempo compartido

  • Los rituales repetidos año tras año

  • La sensación de sentirse vistos y escuchados

La magia de la Navidad no está en la cantidad de paquetes, sino en el clima emocional que se construye alrededor.

Aprender a esperar, elegir y valorar no es una carencia: es una habilidad emocional clave. La neurociencia del desarrollo muestra que el cerebro infantil necesita tiempo y repetición para procesar estímulos y generar vínculos significativos con los objetos y las personas.

Cuando todo llega junto, rápido y en exceso, el sistema de recompensa se satura. El resultado no es más felicidad, sino más demanda.

Navidad puede ser una oportunidad, no una obligación, para enseñar que el amor no se mide en cantidad de regalos, sino en calidad de presencia.

Un tip práctico: la regla de los 4 regalos

Como alternativa al exceso, muchos profesionales en crianza consciente proponen la regla de los 4 regalos, simple y efectiva:

  1. Algo que el niño desea

  2. Algo que necesita

  3. Algo para vestir

  4. Algo para leer

Esta regla,  ayuda a: reducir el consumo impulsivo, fomentar la gratitud, dar sentido a cada regalo y mantener la magia sin saturación.

Menos cosas. Más significado.

Por: Lic. Patricia Olguin

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