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La historia del Bar Colon de Pedro Stafuzza

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“Yo nací en El Sombrerito el 13 de febrero 1939. Acuariano, el signo dice lo que se propone consigue, cuando se me mete algo en la cabeza hasta que no consiga no aflojo, tengo un objetivo y le meto pata, hice muchas cosas y gané plata, pero también cometí muchos errores”, así habla Ivar Stafuzza, conocido popularmente como el “Gordo” Stafuzza.
“Mi mamá María Vacou, mi papá Pedro Antonio Stafuzza, mi hermano Arnaldo Pedro (el popular Nani), mi hermana María Angélica (es peluquera) y yo Ivar Oscar”.
“Mi papá arrendaba un campo chico a un tal Massin, tenía algunos animales pero fundamentalmente era agricultor, sembraba lino, maíz para consumo y principalmente caña de azúcar, la cortábamos y todos los días había que recorrer 10 km para llevarla hasta la estación en un carro tirado por dos bueyes, algunas veces me llevó, un frío que no te imaginas porque eran tareas que se hacían en invierno”.
“Cuando era chico venía de vacaciones a lo de mi tío Domingo Vacou, que era policía, ya vivían acá, jugaba con mis primos, el Héctor (Ñato), el Hugo, Enzo, en un momento mi mamá le pidió a su hermano que lo ayude a encontrar un lugar, un negocio, para poder venirnos del campo, vivíamos en la peor miseria”.
“Mi tío Domingo le consiguió donde está la vidriería hoy por Patricio Diez, entre Amenábar y Lucas Funes, ahí funcionaba un negocio cuyo propietario era don Juan Leiva, en junio del año 1950, nos vendió el fondo de comercio y después mi papá le compró el local”.
“Era un salón grande y al lado había otro local que tenía cámaras frigoríficas, porque Leiva era representante de Williner, luego Ilolay, y fiambres Lario de Rafaela, trabajaba muchísimo, vendía manteca, dulce de leche, y bueno le vendió el bar a mi viejo y mi mamá que era una mujer muy creativa decidió empezar a hacer comida, es así que abrimos un comedor”.
“Teníamos muchos clientes que eran como pensionistas, venían a comer todos los días, uno de ellos que recuerdo fue don Ireneo Faccioli, estuvo varios años con nosotros, el jefe de la telefónica, don Rafael Colussi el dueño de Vigía venía los miércoles a comer el puchero de gallina que hacía mi mamá, una época donde la ruta 11 era todo tierra, así que fíjate”.
“De a poco nos fuimos agrandando, siempre la cabeza pensante era mi mamá, un día me dice vamos a hacer una parrilla, yo era muy emprendedor, junté todos los ladrillos que había en un sitio baldío, levanté pared y puse una chapa y me puse a cocinar asado”.
“Antes en ese baldío había una huerta, sembrábamos lechuga, achicoria, tomates, que usábamos para la ensalada en el comedor”.
“Sacábamos mesas en el verano que llegaban hasta la esquina de calle Amenábar, fue un éxito la parrilla, explotó muy rápido eso, se hizo grande, entonces decidimos traerlo a mi tío Carlucho Stafuzza como parrillero, él era un especialista en trabajar con tapas de cilindro no había otro como él, entonces yo pasé a ser mozo con Saturnino Benítez”.
Mi viejo estaba en el mostrador a la noche, en la cocina trabajó mucha gente, me acuerdo una señora de apellido Díaz que vivía al lado de Casco, “Nani” no colaboraba mucho, él era artista, conductor de Los Estudiantes, a veces cuando tenía ganas iba al mediodía, era el mimado de mi mamá, andaba de gira permanentemente, a mi hermana tampoco le gustaba el bar, aprendió peluquería y hasta el día de hoy sigue trabajando”.
“El nombre Colón le había puesto Leiva, entonces se siguió llamando igual, Bar Colón, cuando era verano una locura, la gente esperando que se desocupe alguna mesa”.
“De chico asistí a la Escuela en El Sombrerito hasta tercer grado, cuando llegamos a Reconquista voy a la Escuela Rivadavia para empezar cuarto grado, pero repetí, lo hice de nuevo y completé quinto y sexto”.
Sus hijos Analía, que fue al Colegio San José, Gustavo, fue escolta de bandera en la Rivadavia, Carlos Castellani era el abanderado, Natalia y Marianela también alumnas de la Rivadavia y Brian a la Dante Aligheri.
“Mi secundaria fue muy corta, primer año en la Escuela Comercio, Matemática no me gustaba, sí Historia y Geografía, porque tenía el apellido Stafuzza Vacou me mandan a Francés, y el lugar para aprender era fiero, nos daban clase en un depósito, había un esqueleto que le pusimos unos hilos y lo movíamos como marioneta, en un momento delante de la profesora me agarra un ataque de risa por la escena, y me ponen 20 amonestaciones, faltaban dos semanas para terminar las clases y le digo a mi mamá que no iba más, que me pondría a trabajar y así hice”.
“Desde chico me gustaba la pelota, jugué en el equipo de la escuela Rivadavia, en el seleccionado de la escuela Comercio, junto a Faiso Sajre, Lescano, Finito Latasa, en los Evita, en las inferiores de Talleres mi primo el Héctor lo ponía a Maurenzic de marcador de punta, era mi puesto, entonces dejé, yo no era malo, pero con el Ñato no teníamos química”.
“Recuerdo algunos hechos de mi época de joven, en una oportunidad había una sequía muy grande y el cura Lovatto arma una gran procesión para pedir por la lluvia, y llovió tanto que empezaron a pedir que pare, Totito Fontana de La Lola encabezó una marcha con la virgen en la zona para mostrarle que se había pasado, que hizo daño y pedía que pare”.
“Mi hermano Nani había estudiado acordeón a piano con Arraga, que estaba en Belgrano y Rivadavia, un día mi papá me dijo que viaje a Rafaela a comprarle el instrumento, yo tenía 15 años, me voy en tren hasta San Justo, de ahí en tren a San Cristóbal y desde allí parto a Rafaela. Le compro y tengo que ir hasta Santa Fe para volver a Reconquista, no era rápido hacer un viaje en esa época”.
“Nani empieza a tocar con Giuliani, luego con Villalba y después arma Los Estudiantes”.
“Nosotros vivíamos donde está hoy mi hermana por Lucas Funes casi Patricio Diez, Nani construye al lado del bar y yo por Amenábar me hago una prefabricada, cuando era soltero le alquilaba la casa a Juan Pez que vivía al lado, ellos eran enfermeros y tenían una casa en el dispensario que estaba frente a la EPE, donde hoy está la Farmacia Viano”.
“Cuando ocurre el golpe de estado del 55 yo militaba en la Juventud Peronista, lo cuidábamos a Manuel Roselli por temor a que le pasara algo, hacíamos guardia, porque los antiperonistas de la época le tiraban con escopeta desde el campanario de la catedral hacia su casa”.

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