El último domingo, hace exactamente siete días, con el comienzo de marzo y tal como lo establece la Constitución Nacional, el presidente debe asistir al Congreso para inaugurar el período ordinario de sesiones de ambas cámaras del Parlamento. Durante el resto del año legislativo, solo pueden tratarse las iniciativas enviadas por el Gobierno.
“Degeneradores fiscales”, “parásitos de la casta”, “nido de ratas” y “orkos” fueron algunos de los adjetivos descalificativos utilizados por el presidente Javier Milei para referirse a los legisladores de la oposición, especialmente a quienes gobernaron el país hasta diciembre de 2023. “Orkos”, término para el que debí recurrir al diccionario, suele emplearse para describir a quienes protestan en las calles, y el mandatario lo utiliza también para referirse a quienes, a su entender, pretenden desestabilizar su gestión económica.
Según pudo contabilizarse, el presidente pronunció al menos 56 insultos, a razón de uno cada 100 segundos, superando así lo ocurrido en la apertura del período anterior, cuando expresó uno cada 180 segundos. Milei confrontó abiertamente con la oposición, pero también se dirigió en duros términos a los empresarios en distintos pasajes de su mensaje.
Hubo expresiones generales como “manga de ladrones”, “políticos corruptos” y también “bestias ignorantes y brutas”, utilizadas especialmente para referirse al kirchnerismo. A los diputados opositores los calificó de “mentirosos” y “chorros”. “Ustedes no pueden aplaudir porque se les escapan las manos a los bolsillos ajenos”, aseveró Milei. Y agregó: “Sé menos bruto y andá a estudiar”, atacando así la capacidad intelectual de los legisladores opositores.
La transmisión oficial mostró únicamente el discurso presidencial; por lo tanto, no se alcanzaron a escuchar los insultos vertidos por miembros de la oposición. Desde Vía Libre Radio se entrevistó a distintas voces para conocer lo sucedido en lo que muchos calificaron como un verdadero papelón en la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso de la Nación.
La senadora Carolina Losada explicó que durante el discurso “le gritaban, le tosían, le cantaban todo a propósito. Es irreproducible todo lo que le dijeron”. “Que el presidente tenga una forma de ser no significa que todos los que lo imiten queden bien, sean de un lado o del otro”, subrayó la legisladora nacional por la provincia de Santa Fe.
Es cierto que algunos sectores de la oposición entienden que rivalizar con Milei les permite subirse a un escenario varios escalones más alto de lo que sus propias capacidades les permitirían ascender en un clima político más o menos normal. Lo mismo puede decirse de ciertos aduladores seriales del presidente, que buscan refugiarse en el calor del poder y que, simplemente por sus condiciones, difícilmente habrían logrado llegar a ese lugar.
Hay quienes respaldan —o al menos intentan comprender— a Milei. Sostienen que la gente no votó a un político tradicional, sino a alguien que venía de afuera, producto del descrédito de la política y de los políticos. En parte, es cierto. Este mandatario es fruto del hartazgo social frente al kirchnerismo y al populismo, que dejaron a más del 50% de la población por debajo de la línea de pobreza e indigencia.
Los gobiernos necesitan siempre adversarios para construir su relato cotidiano. El peronismo atraviesa un momento de fuerte desgaste y, entonces, se decide subir la apuesta. En ese contexto, los empresarios industriales aparecen ahora como los nuevos adversarios políticos del Gobierno.
“Chatarrín”, “gomita” y “lengua floja” son agravios cada vez más frecuentes para calificar a empresarios a quienes, antes de ser presidente, Milei llamaba “héroes”. La pregunta surge inevitable: ¿quién cambió, el presidente o los empresarios?
El mandatario también advirtió: “No me van a llevar puesto como con Macri”. Ante esa situación, el titular de la Unión Industrial Argentina salió a pronunciarse, presionado por las bases. “Sin industria no hay nación”, afirmó Martín Rapallini, quien además señaló que “les agradaba mucho más el Milei que llamaba héroes a los empresarios argentinos”.
El poder no es eterno. Que lo diga Cristina Fernández de Kirchner, quien gobernó el país durante dos períodos consecutivos, luego de suceder a su esposo Néstor Kirchner, y que en 2019 fue la gran electora de Alberto Fernández, protagonista de uno de los peores —si no el peor— gobiernos desde el retorno de la democracia.
El Gobierno no debería ignorar que las bravuconadas actuales no pueden ser infinitas. Todo tiene un límite, incluso la comprensión y el apoyo de la sociedad. Cuando las cosas marchan más o menos bien, hay conductas que se toleran. Pero cuando el camino se vuelve cuesta arriba, predomina la intolerancia, como ocurrió en 2001 con aquel grito de “que se vayan todos”, aunque finalmente se fueron muy pocos.
Milei parece estar transitando una segunda luna de miel. Tiene la particularidad de contar con una nueva oportunidad, algo que no suele ocurrir y mucho menos en tiempos en los que la sociedad exige resultados inmediatos.
Sería saludable que el presidente aproveche al máximo este período y no lo dilapide en una competencia por ver quién es más agresivo en sus intervenciones públicas. La sociedad espera respuestas a problemas mucho más concretos de la vida cotidiana.
El tiempo pasa. La luna de miel termina pronto y luego deviene inexorablemente el momento de responder a las demandas diarias, siempre más difíciles de resolver que pronunciar un simple agravio. Ojalá se lo tenga en cuenta por el bien de todos, porque los argentinos no deseamos ni merecemos una nueva frustración.
Les deseo una feliz semana a todos.
Lic. José Odasso




