Este 8 de enero se cumplen 31 años de aquel domingo fatídico que sacudió al deporte argentino y al mundo entero. En las primeras horas de la tarde de 1995, la noticia del trágico accidente ocurrido en Mar del Plata confirmaba la muerte de Carlos Monzón, el boxeador más grande que dio el pugilismo nacional, campeón mundial de los medianos y protagonista de una carrera irrepetible.
En diálogo con Vía Libre, su hija Silvia Monzón compartió un testimonio profundo, cargado de memoria y reflexión, que permite comprender no solo al deportista extraordinario, sino también al padre, al hombre y al legado que perdura con el paso del tiempo.
“Lo tengo muy presente a mi papá, en cada gesto, en cada cosa de mis hijos, en acciones mías. Él está presente en nosotros”, expresó Silvia, agradecida por el recuerdo y por el cariño permanente que la gente mantiene vivo hacia su padre. A más de tres décadas de su partida, el nombre de Carlos Monzón sigue siendo sinónimo de grandeza deportiva y de una era dorada del boxeo argentino.
Silvia recordó a su padre como un hombre presente en la familia, a pesar de haber fallecido joven, a los 53 años. “Con el diario del lunes uno piensa qué joven que se fue, pero a la vez siento que vivió como si hubiese vivido 100 años. Todo fue muy intenso, como un flash”, reflexionó.
Indiscutido como el mejor boxeador argentino de todos los tiempos, Monzón defendió 14 veces su título mundial, una marca que aún hoy resulta difícil de igualar. “Pasan los años y no hay otro que vuelva a repetir todo lo que él logró arriba del ring”, sostuvo su hija, orgullosa del legado deportivo del boxeador nacido en San Javier.
Ese legado también se transmite en el ámbito familiar. Silvia contó que suele ver las peleas de su padre junto a sus hijos, en especial con los varones, que no llegaron a conocerlo. “Crecieron escuchando hablar de su abuelo en el colegio, entre amigos, en todos lados. Ahora que son grandes, les gusta ver las peleas y entender quién fue”, relató.
EL NIETO DE CARLOS MONZÓN VS EL NIETO DE RINGO BONAVENA
Incluso recordó que uno de sus hijos participó en “Parense de Manos”, un evento boxístico amateur, preparándose durante meses, lo que generó un fuerte vínculo con la historia familiar. Allí se enfrentó el nieto de Carlos Monzón frente al nieto de Ringo Bonavena, lo cual fue un homenaje a la historia del boxeo argentino:
EL ESPÍRITU DE CARLOS MONZÓN
La disciplina y el profesionalismo de Monzón fueron otros aspectos destacados. Silvia recordó cómo su padre se concentraba durante meses antes de cada pelea, alejado de todo, enfocado exclusivamente en su preparación. Una conducta que siempre fue resaltada por su histórico entrenador, Amílcar Brusa. “Tenía una capacidad, una disciplina y un compromiso con su profesión que eran admirables”, afirmó.
También recordó la lucidez de su padre para saber cuándo decir basta. A pesar de las tentaciones económicas y de nuevas propuestas para seguir peleando, Monzón supo retirarse en lo más alto. “No necesitaba más títulos ni más dinero”, recordó, citando una anécdota compartida con Brusa que reflejaba esa decisión firme y consciente.

CÓMO SE AFERRARON A LA FE PARA PASAR LOS MOMENTOS MÁS DIFÍCILES:
Consultada sobre los episodios más dolorosos de la vida de su padre, Silvia habló con respeto y profundidad sobre el caso de Alicia Muñiz y el posterior proceso judicial. “Fueron dos familias que se derrumbaron. Fue una situación que nos desbordó a todos”, expresó. Con el paso del tiempo, explicó, la fe fue un sostén fundamental para atravesar el dolor y reconstruir vínculos. “Hoy puedo reflexionar y entender que Dios tiene propósitos. En su momento me enojé, no lo entendía, pero con el tiempo llegó la aceptación”, confesó.
La fe también se convirtió en un camino de restauración para toda la familia Monzón. Silvia contó que su madre, su hermano —pastor evangélico— y ella misma encontraron en la espiritualidad una forma de sanar y ayudar a otros. “Todo lo que vivimos hoy lo usamos para acompañar a personas que pasan situaciones límites. Es un testimonio de que se puede salir adelante”, aseguró.
Finalmente, al referirse a las polémicas en torno a monumentos y homenajes a Carlos Monzón, Silvia fue clara: “El reconocimiento es al gran deportista y a su trayectoria. Nada tiene que ver con su vida privada. Si alguien necesita perdón, acá estoy para pedirlo en nombre de mi papá”.
Como mensaje final, Silvia resumió lo que su padre le dejó para la vida: “Coraje. No el de decir ‘soy fuerte’, sino el de animarse, el de seguir, el de levantarse después de caer”.




